Feminismo de Erasmus

Feminismo de Erasmus

Cuando nadie se creyó que fuese ingeniera

2017, Dec 12    
Teresa Algarra

“¿Qué estudias tú? Espera, no me lo digas, seguro que eres de económicas. ¿No? ¿Magisterio entonces? ¿Tampoco? Entonces ambientales, seguro. ¿Ingeniera? ¿De verdad? Pero entonces ingeniería biomédica, ¿no? Ah, ¿que eres de Ingeniería de las Telecomunicaciones? ¿Te estás especializando en Sistemas Electrónicos de verdad? Pero, ¿y te gusta? No es una carrera muy femenina, la verdad, no estaréis muchas chicas en clase. Yo siempre lo he visto como algo de hombres, pero vaya, que si a ti te gusta, adelante. ¡Si necesitas ayuda me lo dices! ¿Qué? Ah, no, yo no estudio ingeniería, pero a mis amigotes del instituto y a mi se nos daba genial Tecnología Industrial, siempre he sido un hacha en eso, me vendrá de mi padre. Ya sabes, cosas de hombres.”

Estoy de Erasmus en Linköping, en Suecia. Ciudad universitaria, una comunidad estudiantil enorme, mixta, inclusiva… y sin ingenieras. Y esta de aquí arriba es la conversación que más veces he tenido con otros chicos de Erasmus. Pensaba que al salir de España las cosas cambiarían, que las universidades serían diferentes, que mis clases estarían llenas de chicas empoderadas dispuestas a pisotear a todos los machunos que se les pongan por delante. Sin embargo, mis expectativas nunca han estado tan lejos de la realidad.

Un gran porcentaje de los estudiantes que vienen de intercambio a esta ciudad son ingenieros, ya que goza de muy buena reputación para carreras técnicas, y sin embargo entre aproximadamente 500 extranjeros, no hay ninguna chica que estudie Ingeniería Mecánica. Para ingeniería electrónica estamos solamente dos. Un par de físicas sueltas, menos de diez matemáticas. Pensé, quizá las estudiantes suecas se salvan, así que le pregunté a mi compañero de piso sueco por el número de alguna chica de su clase de Ingeniería Mecánica para poder comentar con ella el tema, y con mucho pesar traigo esta entrevista vacía ya que no hay ninguna chica en ingenería mecánica, ni en su curso ni en ninguno. E ingeniería mecánica es una de las carreras más demandadas de esta universidad. La única ingeniería en la que hay mayoría de mujeres es (wow, sorpresa) ingeniería biomédica, carrera que también goza de mucha demanda en Suecia y que hace que la media de ingenieras en este país se eleve a cerca del 25%.

A pesar de tener una de las legislaciones más modernas en el mundo respecto a igualdad salarial, prevención de agresiones sexuales, maternidad etcétera, nada de esto es suficiente para conseguir la igualdad en las carreras y en los trabajos relacionados con la ingeniería, sigue habiendo una falta de motivación por parte de las mujeres, ninguna sueca está convencida de su capacidad de terminar una ingeniería y mucho menos de hacerlo mejor que un hombre. Por lo tanto, mi conclusión es que eliminando problemas grandes no se van a eliminar los problemas pequeños solos, hay que trabajar todas y cada una de las ramas que toca el feminismo por separado y con esmero para poder llegar a un día en el que tenga compañeras de piso ingenieras, y no solo compañeros.

Y escribo este texto tras tener una sesión de laboratorio con un compañero de puesto sueco (el culmen europeo del progresismo) el cual a parte de no tener ni idea de la asignatura, ha intentado llevarse crédito de todo el trabajo que yo y mi otra compañera hemos hecho. Para que veáis el nivel me ha preguntado que si una pila de petaca es corriente contínua o alterna. Y este chico es de máster.

Cuando alguien adivine a la primera que soy ingeniera, o no se sorprenda, o no me ofrezca ayuda sin tener ni idea… Ese día recuperaré la fe.

Por último, dejo un artículo escrito por Pernilla Wittung-Stafshede, profesora y cabeza de departamento de Biología Química en la Universidad Chalmers de Gotemburgo (sureste de Suecia), sobre su experiencia con la igualdad de género en Suecia, en este link.